INCUMPLIMIENTO DE LOS CONTRATOS EN TIEMPOS DEL COVID19

En épocas de cuarentena, toques de queda o estados de excepción, será común encontrarnos con situaciones de incumplimiento de contratos.

Por Rafael Gómez Mateo

Una de las máximas del derecho establece que “lo pactado obliga”; por lo que no le es válido a ninguna de las partes firmantes de un contrato incumplir con su prestación o contraprestación (aquello a que se ha obligado a dar, hacer o no hacer).

Pero también existen situaciones que se escapan de la voluntad de las partes y hacen que estas o una de ellas incumpla con sus obligaciones. Y siempre y cuando el incumplimiento no provenga de actos u omisiones culpables o negligentes, están cubiertas por causas que eximen la responsabilidad civil-mercantil. Así, tenemos los casos fortuitos o de fuerza mayor, que sin entrar en el detalle doctrinal de la diferencia entre unos y otros, ambos eximen a las partes de cumplir con lo pactado total o provisionalmente, mientras se demuestren o se mantengan las condiciones ajenas a sus voluntades que impiden completamente cumplir o que retrasan su cumplimiento.

La reciente pandemia del virus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19, ha provocado la toma de medidas extremas en casi la totalidad de los países del mundo, lo que ha afectado, afecta y seguirá afectando el cumplimiento de las relaciones contractuales entre particulares; entre otros efectos, y como muchas veces sucede, un contrato se materializa como un eslabón más de la cadena de suministros que implican otros contratos, por ello, el efecto del incumplimiento de una parte, puede impactar en otra u otras partes y así sucesivamente (Productor-vendedor-importador-distribuidor, por ejemplo).

Algunas de estas actividades afectadas por el incumplimiento contractual, estarán cubiertas bajo la protección de una póliza de seguro amplia, que disminuirá el impacto económico del o los afectados con el riesgo. Pero muchas tantas otras no lo estarán, por lo que entrará a la discusión judicial o arbitral, el incumplimiento de los contratos como causa de resolución, devolución de cantidades de dinero e incluso el pago de los daños y perjuicios causados. Pero ante estas situaciones, existe otra de las máximas del derecho la “rebus sic stantibus” (estando así las cosas).

Lo anterior significa que habiendo variado las condiciones que existían al momento de suscribirse los contratos, y estando alejadas de la culpa o negligencia de los involucrados, se pueden variar las condiciones, plazos, términos y hasta eximir de cumplimiento a la parte afectada por los hechos o actos extremos sobrevinientes. Evidentemente se debe de dejar a ambas partes indemne (sin daños), ya que quizá una o varias de ellas ya hayan cumplido con su parte, por lo que deberá analizarse cada caso concreto para dar una solución práctica y que beneficie a todos los sujetos involucrados.

Para el caso de Honduras, estas causas y sus efectos están regulados a lo largo de los Capítulos I y II del Título I del Código de Comercio, que trata de las obligaciones y contratos mercantiles, y especialmente las disposiciones contenidas en los artículos 747 al 760 de dicha codificación, haciendo la advertencia que los efectos del incumplimiento derivado de actos imprevisibles e insuperables difieren cuando estamos frente a un contrato de ejecución continua o de prestaciones periódicas.

Pero “estando así las cosas”, es preciso acotar brevemente estas posibilidades legales como soluciones ante la crisis económica que puede avecinarse producto de los incumplimientos que se generen en las cadenas de suministro que no se encuentren especialmente amparadas en una póliza de seguro.

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